
Hay una literatura en la que la locura está en el exterior. Como en Sukkwann Island, de David Vann. El sol aún calienta cuando empieza la historia, con la llegada de un padre y un hijo a una perdida isla de Alaska. Luego, la oscuridad y el frío.
Hay novelas que son exorcismos literarios. El padre del escritor le pidió a este que se fuera con él de vacaciones. Los dos solos, padre e hijo. David Vann era entonces un adolescente, como el chico de la historia. No le acompañó. Su padre se suicidó poco después.
Hay ficciones que respiran al ritmo de los protagonistas y cielos y suelos que reflejan estados de ánimo. El escritor no radiografía el interior de las montañas ni el esqueleto de los osos polares. Es el lector el que limpia los salmones. Les saca las vísceras y deja luego el pescado metido en azúcar moreno.
Raskolnikov lo sembró todo de migas de pan, para que la policía le encontrara y le pudiera acusar del asesinato que había cometido. Los novelistas fueron luego más lejos que Dostoievski. Hay protagonistas que se adjudican, inconscientemente, la autoría de crímenes que no han cometido. Una forma de expiación. El lector, lejos de la perdida isla del sur de Alaska, puede verlo.
Cada mes aparece un nuevo escritor al que llaman heredero de William Faulkner. Pero el autor de Luz de Agosto no tuvo tanta descendencia. Cormac McCarthy fue un hijo verdadero. Sukkwann Island es una prueba de paternidad. David Vann debe de ser un nieto de William.
Hay novelas que son exorcismos literarios. El padre del escritor le pidió a este que se fuera con él de vacaciones. Los dos solos, padre e hijo. David Vann era entonces un adolescente, como el chico de la historia. No le acompañó. Su padre se suicidó poco después.
Hay ficciones que respiran al ritmo de los protagonistas y cielos y suelos que reflejan estados de ánimo. El escritor no radiografía el interior de las montañas ni el esqueleto de los osos polares. Es el lector el que limpia los salmones. Les saca las vísceras y deja luego el pescado metido en azúcar moreno.
Raskolnikov lo sembró todo de migas de pan, para que la policía le encontrara y le pudiera acusar del asesinato que había cometido. Los novelistas fueron luego más lejos que Dostoievski. Hay protagonistas que se adjudican, inconscientemente, la autoría de crímenes que no han cometido. Una forma de expiación. El lector, lejos de la perdida isla del sur de Alaska, puede verlo.
Cada mes aparece un nuevo escritor al que llaman heredero de William Faulkner. Pero el autor de Luz de Agosto no tuvo tanta descendencia. Cormac McCarthy fue un hijo verdadero. Sukkwann Island es una prueba de paternidad. David Vann debe de ser un nieto de William.
