El Salinger de Kenneth Slawenski





Escribir y publicar, o intentarlo, o mostrar el resultado, tiene un componente de vanidad y orgullo. Escribir en silencio, tal vez no. Solo tal vez. El principio me parece extensible hacia quien pinta, baila, canta y esculpe y luego se enseña. Ese egocentrismo puede ser pequeño, mediano o del tamaño de la isla de Manhattan, eso ya depende de cada uno.

Salinger es uno de los que Vila-Matas denominó, parafraseando a Melville, escritores de "Preferiría no hacerlo". Llegó un momento en el que Salinger se encerró. Se escondió cuando "El guardián entre el centeno" le hizo famoso. Abandonó Nueva York y se mudó a New Hampshire cuando logró lo que parecía buscar: que le publicaran y leyeran, que le tuvieran en cuenta. Mientras Houlden Caufield, el joven protagonista del Guardián, comentaba en una de las páginas del libro que le encantaría poder llamar por teléfono a algunos de sus escritores favoritos vivos y hablar con ellos, Salinger hizo todo lo contrario de lo que decía su protagonista: esconderse, huir de sus admiradores, evitar el teléfono.

Salinger, el joven cuentista, había intentado durante años abrirse camino en el mundo editorial. Estaba más que satisfecho con la aparición de algunos de sus relatos en el entonces muy prestigioso New Yorker y, antes, en el Saturday Evening Post. Peleó cuando le cambiaron algún título. Se indignó cuando le propusieron correcciones. Se sintió herido cuando le recharazon alguna historia. Se alegró cuando Hollywood decidió adaptar uno de sus cuentos, pero se irritó cuando vio el lacrimógeno, cursi y bienpensante resultado, que además tuvo éxito. Se hinchó cuando le aplaudieron. Citó a grandes escritores como si hablara de sus hermanos y de sus primos. Era humano. Tenía ego, vanidad y orgullo, como cualquier escritor. Pero llegó un momento en que decidió que "preferiría no hacerlo". Cuando llegó a la cima.

"El guardián entre el centeno", obra de tan larga gestación como corta extensión, se publicó en 1951. Dos años después, un volumen reunió las narraciones cortas en "Nueve cuentos". Vino después un periodo de ocho años de silencio, hasta que aparecieron casi consecutivamente dos libros de ficción: "Franny y Zooey" (1961) y "Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción" (1963). Y se acabó. Ningún título más.

Falleció en 2010. Cuarenta y siete años de obstinado silencio, a pesar de haberse convertido en bastante más que un escritor célebre. Salinger fue un icono para una generación, un ejemplo y un maestro para muchos escritores americanos, incluso un ídolo para famosos psicópatas y, también, para músicos y cineastas que afirmaron haberse inspirado en él. Salinger buscó lo verdadero. Criticó la superficialidad y la mentira. Usó las palabras justas y dejó su fuego entre ellas, no en ellas. Hasta que decidió callarse.

Hubo voces que llenaron ese silencio, que dieron su versión, que hicieron ruido. Hubo quienes vendieron su correspondencia privada con el escritor y quienes publicaron biografías no autorizadas. Como sucede en esos casos, se dio eco a lo escandaloso y a lo extravagante, fuera más o menos cierto. Recientemente se ha publicado en castellano la biografía y ensayo literario de Kenneth Slawenski. Un libro documentado y objetivo que separa el grano de la paja. Una biografía que transmite pasión por la literatura, ilumina la lectura de las narraciones de Salinger y ahonda en el interrogante de su retiro.